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Marco de El Alma Hispana Marco de El Alma Hispana

Rincón Poético

Apenas Mil Años
poesía
Mil años tengo de esperarte a solas
sentado en los bancos de los parques,
viendo caer las hojas despeinadas
de los árboles de adustos ceños.

De esperarte, con paciencia de árbol
echando tentáculos por raíces,
en las aceras de concreto duro
y en las paradas de los autobuses.

Mil años tengo de creer que existes
y esperar ver que algún ave
te traiga en su pico hecha semilla,
para sembrarte en la certeza íntima
de mi alma abonada de resina
y regarte con el mustio rocío
de una lagrima cristalina.

Apenas mil años…
y ya los árboles del barrio me conocen,
entre ellos murmuran con trémulas voces
de ramas frondosas y vientos lacerantes.
Los pasamanos bruñidos de los bancos
dan testimonio de cuantas hojas han caído
y con cada una, una esperanza de encontrarte.

Apenas mil años,
en esta espera de trinos y gorriones
de escribir poemas y canciones
en medio de la luz cernida
por las ramas enormes.

Y tu distante…
¿Quién sabe dónde?
con el alma fruncida tal vez,
y tú fe hundida
en las raíces de tu propia espera.

Francisco Marrero



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Apenas Mil Años
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Mil años tengo de esperarte a solas
sentado en los bancos de los parques,
viendo caer las hojas despeinadas
de los árboles de adustos ceños.

De esperarte, con paciencia de árbol
echando tentáculos por raíces,
en las aceras de concreto duro
y en las paradas de los autobuses.

Mil años tengo de creer que existes
y esperar ver que algún ave
te traiga en su pico hecha semilla,
para sembrarte en la certeza íntima
de mi alma abonada de resina
y regarte con el mustio rocío
de una lagrima cristalina.

Apenas mil años…
y ya los árboles del barrio me conocen,
entre ellos murmuran con trémulas voces
de ramas frondosas y vientos lacerantes.
Los pasamanos bruñidos de los bancos
dan testimonio de cuantas hojas han caído
y con cada una, una esperanza de encontrarte.

Apenas mil años,
en esta espera de trinos y gorriones
de escribir poemas y canciones
en medio de la luz cernida
por las ramas enormes.

Y tu distante…
¿Quién sabe dónde?
con el alma fruncida tal vez,
y tú fe hundida
en las raíces de tu propia espera.

Francisco Marrero



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